“Los pacientes en España están teniendo un papel cada vez más activo en la gestión de su enfermedad. Como consecuencia, las Asociaciones de Pacientes, ahora más que nunca, han adquirido un papel fundamental en la sociedad consolidándose como agentes sociales claves en la intermediación de las necesidades de los pacientes, promoviendo el desarrollo de programas de concienciación social y realizando campañas de información, formación y educación a pacientes y familiares”
Esta afirmación realizada por la Fundación FARMAINDUSTRIA (Fundación que engloba a todos los laboratorios y casas comerciales relacionadas con la medicina) en una circular interna pone de manifiesto la intensidad de la presencia de las asociaciones de pacientes tienen en la sociedad, y la incidencia que estas asociaciones, como representantes del colectivo de pacientes afectados de una enfermedad o situación concreta, pueden llegar a tener en las decisiones de los gestores del sistema sanitario a la hora de introducir servicio y cubrir las necesidades que el colectivo tiene.
Lo que resulta totalmente incomprensible es que los propios interesados, los propios pacientes, en general, no sean conscientes de esa realidad y de la necesidad de unirse. En definitiva, lo que ha llevado a los pacientes y/o a las asociaciones a convertirse en agentes activos de salud y en clave fundamental para conseguir cubrir sus necesidades, es la base social de éstas, el número de personas integradas en cada asociación. Resulta totalmente incomprensible que aún haya pacientes, diabéticos en nuestro caso, que piensen que el sistema público de salud nos da las cosas por que sí, por que un día se levanta el señor Ministro, o el Sr. o Sra. Consejer@ de turno y piensa: “les voy a dar a los diabéticos la posibilidad del tratamiento con BICI y las pastillas gratis”.
Y en el mundo de la globalización y de la solidaridad, resulta a todas luces incoherente que sean los demás los que se unan, aporten, trabajen y luchen por el bien de todos; aunque a uno solo le pidan incrementar el número de miembros del colectivo representados.
Cuando se piensa eso, lo más fácil es que el colectivo se quede sin nada, ya que suele ser más habitual que nuestros gestores piensen en lo que pueden quitar de las prestaciones, a fin de recortar gastos, que aquello que podamos necesitar. Y, no nos quepa la menor duda de que, si cada uno sigue por su lado, cada vez la atención será peor (cada vez faltan más especialistas) y las prestaciones también (ya hay lugares donde cuentan las 30 agujas para el mes). Pero, sin duda, al final, cada uno tendrá lo que se merezca.
La posición y la postura de cada uno significarán el papel que desea jugar ante su enfermedad, y marcará su grado de implicación para una mejora en la calidad de vida del colectivo, EN SU CALIDAD DE VIDA.
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