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La mujer diabética, que así lo desee, bien controlada y adecuadamente tratada de su diabetes, no tiene ningún problema, por su condición de diabética, para quedarse embarazada. Se ha demostrado en múltiples estudios como su fertilidad es igual a la que presenta cualquier mujer no diabética. Ante esta realidad, se plantea una gran duda a casi todas las mujeres diabéticas: ¿Cuál es la posibilidad de que el hijo sea diabético? Los hijos de una mujer con diabetes tipo 1 (que son la mayoría en edad fértil) muestran una posibilidad de desarrollar diabetes del tipo 1 en torno al 4%, que es unha cifra un poco mayor, no mucho, que en el caso de que los padres no fueran diabéticos. Lo que si va a resultar de gran importancia es la necesidad de que la mujer diabética prepare y planifique su embarazo. El feliz termino del embarazo en una gestante diabética, con la consiguiente ausencia de complicaciones, tanto para la madre como para el hijo (en especial de malformaciones congénitas en el recién nacido) precisa de una adecuada programación del mismo. Pero… ¿Cómo se programa el embarazo? La programación debe llevarse a cabo en coordinación con los profesionales sanitarios que atienden a la mujer diabética, ya que deberá ser controlada de manera conjunta por el diabetólogo y por el tocólogo. Esa programación comprende: ¿Existe alguna contraindicación para el embarazo en la mujer diabética? Independientemente de las contraindicaciones para el embarazo que pueda presentar cualquier mujer (edad avanzada, enfermedad hereditaria, historia obstétrica en contra,…), el embarazo estará contraindicado en la mujer diabética cuando exista alguna de las siguientes circunstancias: Por lo que se refiere a la presencia de complicaciones oculares severas, puede admitirse el embarazo de acuerdo con el criterio del oftalmólogo, siendo preciso, en ocasiones, el tratamiento de la retinopatía con láser antes del inicio del embarazo. Por último, es muy importante tener en cuenta que no es recomendable el comienzo de la gestación hasta conseguir un adecuado control metabólico de la diabetes, valorado, fundamentalmente, mediante la determinación en sangre de los niveles de hemoglobina glicada. ¿Cuándo puede ser aconsejable el embarazo? Se planteará y dará “luz verde” al comienzo de la gestación cuando los controles de glucosa en sangre y los valores de hemoglobina glicada se encuentren en limites cercanos a la normalidad. En lo referente a la hemoglobina glicada (HbA1c) suelen admitirse valores < 7%, si bien este dato puede variar algo, y se tiende a que se halle en cifras cercanas al 6%. La importancia de alcanzar un correcto control de la diabetes antes del inicio del embarazo, viene dada porque la manera más importante de evitar abortos y malformaciones congénitas es conseguir unos niveles de glucosa en sangre óptimos, tanto previo (dos o tres meses anteriores), como al principio (primeras siete semanas) ya que en esos momentos es cuando se forman los órganos del niño, y durante todo el el embarazo, facilitando así el correcto desarrollo del feto.
¿Cuál puede ser la repercusión del embarazo sobre la diabetes? El embarazo en la mujer que no tiene diabetes, a través de diversos factores, especialmente la secreción de diferentes hormonas por parte de la placenta, induce una serie de alteraciones metabólicas, fundamentalmente a nivel del metabolismo de los hidratos de carbono, produciendo una cierta acción diabetógena (es decir, puede servir como causa desencadenante de una diabetes Gestacional o permanente), que es contrarrestada por la secreción pancreática de insulina. En la mujer previamente diabética, la acción diabetógena antes mencionada no puede ser compensada, ya que la secreción de insulina en la diabetes tipo 1 es inexistente o está disminuida, por lo que la secreción hormonal propia del embarazo va a propiciar las alteraciones y “excursiones” glucémicas. En general, se puede considerar que el embarazo puede asimismo favorecer una tendencia a la aparición de hipoglucemias durante la primera mitad, ocasionada por un aumento de la sensibilidad a la insulina; y de hiperglucemias y tendencia a la cetosis (aparición de cuerpos cetónicos) en la segunda mitad, originadas por un aumento de la resistencia a la insulina y, como consecuencia, un descenso en su efecto. En ocasiones, la gestación puede agravar el desarrollo de las complicaciones renales (nefropatía) y oculares (retinopatía), generalmente ya existentes, específicas de la diabetes; de ahí la importancia de una adecuada programación del embarazo. ¿Cómo puede repercutir la diabetes sobre el fruto del embarazo? Se ha hablado de una mayor frecuencia de abortos en la mujer con diabetes, ahora bien, es preciso afirmar y considerar que esa frecuencia va a estar siempre estrechamente relacionada con el grado de control glucémico. Cuando la diabetes está mal controlada es más frecuente la mortalidad fetal y del recién nacido que en la población general. Ahora bien, esta diferencia desaparece cuando la diabetes se trata y controla de manera correcta durante los meses previos y todo el embarazo. Puede a su vez encontrarse en hijos de madres diabéticas, un aumento de peso al nacer, lo que se conoce como macrosomía fetal; si bien, en el caso de mujeres afectación renal o vasculopatía (lesión vascular) grave, pueden surgir niños de bajo peso o con crecimiento intrauterino retardado. Parece confirmarse al nacimiento, entre los hijos de madre diabética, una mayor frecuencia de hipoglucemia, ictericia (coloración “amarilla”), descenso en los niveles de calcio sanguíneo (hipocalcemia), aumento del número de glóbulos rojos (policitemia) y, debido al mayor tamaño del neonato, algunos traumatismos obstétricos, como fractura de clavícula o luxación de cadera. No obstante, la complicación más importante en el hijo de madre diabética es el desarrollo de malformaciones congénitas, que casi siempre suelen estar vinculadas a un mal control de la diabetes mantenido durante un largo periodo de la gestación. Sin embargo, es preciso recalcar que el cuidadoso control de la diabetes ha conducido en las últimas décadas a un descenso muy significativo de las diferentes complicaciones fetales. Como ya se ha comentado, para corregir y evitar estos problemas se recomienda procurar una normalización de la glucemia antes del comienzo del embarazo y durante el mismo, especialmente en las primeras siete u ocho semanas.
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